Eran las 2 de la mañana, las callecillas de Londres
estaban completamente vacías , solo se escuchaba el eco sordo de mis tacones al
chocar contra el pavimente. Me comencé a preguntar una y otra vez, que hacia
aquí, pero al ver su rostro la respuesta callo de inmediato, era el. Como siempre
yo tenia que estar allí siguiéndolo, como un perrito faldero que esperaba un
poco de cariño de su amo. Me odiaba a mi misma por eso. Odiaba que el me
tratara como algo insignificante. Nadie, jamás me había tratado así y a pesar
de eso dejaba que el lo hiciera a su antojo. Comenzamos a caminar mas deprisa
ya que, la lluvia amenazaba con iniciar y aun faltaba un largo trayecto a casa.
Giramos por una de las callecillas que nos llevarían al gran reloj de
Westminster, hogar dulce hogar.
-
¿No me vas a
dar alguna explicación?- le pregunte, harta del silencio. Habíamos estado
caminando en silencio total desde que me saco de “The Cardinals” casi a
trompicones.
-
¿Debería?-
pregunto el con frialdad y a pesar de mostrar toda la indiferencia del mundo,
al fondo de mi ser sabia que le importaba por lo menos un poquito. Sino, no
podía explicarme porque me había sacado de ese bar de mala muerte y se había
ganado una pelea por nada.
-
Deberías-
repetí y trate de captar su mirada, pero el solo miraba al frente y seguía
caminando.
Me quede parada y cruce los brazos. El camino unos
cuantos metros y luego volteo a verme. Era tan perfecto, me mordí el labio sin
poder evitarlo al ver que venia hacia mi. Se quedo a unos pocos centímetros
observándome con detenimiento, trate de contenerle la mirada pero esos ojos
azul noche aun hacían que me intimidara un poco.
-
Estabas en
peligro, mi deber era salvarte- dijo el mientras me agarraba del los brazos. Me
perdí en sus palabras y con alegría recibí la lluvia que comenzaba a caer en
grandes gotas y nos mojaba por completo.
Después de unos segundos, el me tomo del brazo y a
velocidad sobrenatural me metió en una de esas cabinas telefónicas de color
rojo que tanto me gustaban. La cabina era pequeña y gracias a eso Leo estaba
muy cerca a mi, a través de la tela de mi ropa y de la suya, sentía su piel de
un calor infernal, tan dura como la roca, que hacia que mi piel se erizara pero
no me importaba, el simple contacto con él era para mi un deleite. Mi corazón
comenzó a palpitar aceleradamente. El me miro con una sonrisa picara y poco a
poco puso su mano en mi mejilla, mi corazón comenzó a palpitar aun mas rápido,
sentía que estaba a punto de salirse por la excitación que me producía tenerlo
tan cerca de mi.
-
Eres una
niña tonta- dijo al fin, no era como un insulto mas bien era algo tierno, con
una dulzura que muy pocas veces le había visto demostrar. Al sentir mi corazón
Leo volvió a sonreír y se acercó un poco mas pero no me beso, solo se quedo
allí observándome, deleitándose con mi tortura.
-
¿Crees que
esto mejorara algún día?- pregunte tratando de romper el hielo ya que, la
situación comenzaba a incomodarme un poco. El me miro algo extrañado- ¿alguna
vez conseguiré que mi corazón deje de saltar fuera de mi pecho cuando me
tocas?- termine de preguntar y sonreí al final a lo que el hizo lo mismo,
¿quería jugar? Yo también jugaría, pensé mientras me acercaba un poco mas,
nuestros cuerpos mojados se tocaban por completo, su rostro estaba tan cerca al
mío que sentía su aliento tan adictivo y su aroma a menta y sangre que me
derretía por completo.
-
Espero que
no, me fascina sentirlo. Cada vez que lo hago, hace que quiera mas de ti- dijo
el y termino de acortar el espacio que nos separaba con un beso.
El beso me dejo
por un instante petrificada. Leo Herion, el chico que jamás en toda mi vida se
había fijado en mi, que siempre me había hecho sufrir con su indiferencia y sus
comentarios sarcásticos, ahora por maña del destino y gracias a mi don con el
fuego, nuestras vidas se habían entrelazado. El tenia el deber de protegerme y
ahora me besaba, me besaba?!- entrelace mis brazos en su cuello. Me tomo de la
cintura y con ligereza me subió al pequeño estante que tenia la guía
telefónica, sentí la presión del teléfono publico en mi espalda pero no me
importo. Sin dejar de besarme apoyo todo su cuerpo en mi y eso me dejo casi sin
aliento. Sentí como su cuerpo tan caliente secaba mi ropa y llegaba a mi piel,
dolía pero ahora eso no importaba, solo nosotros dos hasta que recordé la
perfecta de David aquella mañana, nuestras manos entrelazadas y el “si, acepto”
que le dije mientras le daba nuestro primer beso. Me separe de Leo entre jadeos
y con algo de brusquedad.
-
¿Esto esta
bien?- pregunte sin aun poder respirar con normalidad
-
¿A que te
refieres?
-
A besarte
estando con tu hermano?- pregunte con frialdad y Leo se quedo un instante
quieto, sin saber que decir o como actuar pero no me soltó, mas bien se acerco
mas a mi.
-
Solo por un
instante, puedes dejar de hablar de David?- pregunto mientras me ponía algunos
mechones de cabello detrás de mi oreja- Este es nuestro momento, ya habrá
tiempo para David luego…. Hay Alicia para los dos.- dijo con esa sonrisa
socarrona y arrogante de nuevo. Le jale del cabello y su cabeza se fue
ligeramente para atrás. Me acerqué a su rostro y le hable al oído.
-
No vuelvas a
decir eso Leo- dije con frialdad y seriedad, como jamás me había comportado con
el.
-
Ok- dijo el con algo de pesar y extrañeza por
mi cambio de actitud tan repentino. Solté con brusquedad su cabello- lo…lo
lamento, bien?- hablo y yo sonreí con complicidad. Quería seguir jugando. Leo
me había dejado con las ganas y un simple comentario no malograría la noche.
-
Bien- dije y
volví a apresarlo con mis brazos. Nuestros labios se fundieron nuevamente en un
beso mas apasionado que el anterior, sin remordimientos ni temores. Ahora solo
existíamos los dos. Como el dijo, ya abría tiempo para pensar en David luego,
ahora solo teníamos que disfrutar el momento.
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